Entrevista a Enrique Vila-Matas
(Cartagena de Indias, Colombia, 2007)
Por Juan Pablo Plata y Orlando Echeverri Benedetti.
Sus novelas dan cuenta de casi todas las enfermedades literarias de los escritores. Si revirtiéramos esto al lector, ¿cómo se imagina el lector que leyó un libro o unos cuantos y no volvió a leer, un lector Bartleby y Compañía, un lector que tras leer un libro o varios decide suicidarse, un lector de Suicidios ejemplares? O finalmente, ¿un lector Pasavento o Montano?
Sería un lector ideal. Un lector plural, un lector que se acerca a mis libros por distintos motivos y que le gustan o le disgustan por las más variadas cuestiones. Durante un tiempo circuló la idea de que mis lectores tenían que ser personas raras, una de dos, como ahora hay tantos lectores, o todo el mundo se ha vuelto raro o se ha normalizado la recepción de mis libros.
Un lector Bartleby, proponerle al lector que deje de leer, es una idea que no había tenido. Pero ahora me imagino a alguien que deja de leer y a medida que lo hace su cerebro se va convirtiendo en un desván, antes habitado, y que se va deshabitando poco a poco, va perdiendo los muebles de la cabeza a media que pasan los días desde que ha dejado de leer. Ese es un relato que se me acaba de ocurrir ahora, procede de una frase que creo que dijo Fernando Savater, cuando le preguntaron qué pensaba de la gente que no leía o cómo se imagina una persona que no leía y dijo que debían ser personas que tenían el desván de su casa, de su cerebro, vacío. Me parece una decisión divertida.Hay personas que si les dices que si no leen tienen el desván de su cerebro vacío, no se sienten afectadas, porque tampoco es un defecto para obligarlas a leer.
Sería un lector ideal. Un lector plural, un lector que se acerca a mis libros por distintos motivos y que le gustan o le disgustan por las más variadas cuestiones. Durante un tiempo circuló la idea de que mis lectores tenían que ser personas raras, una de dos, como ahora hay tantos lectores, o todo el mundo se ha vuelto raro o se ha normalizado la recepción de mis libros.
Un lector Bartleby, proponerle al lector que deje de leer, es una idea que no había tenido. Pero ahora me imagino a alguien que deja de leer y a medida que lo hace su cerebro se va convirtiendo en un desván, antes habitado, y que se va deshabitando poco a poco, va perdiendo los muebles de la cabeza a media que pasan los días desde que ha dejado de leer. Ese es un relato que se me acaba de ocurrir ahora, procede de una frase que creo que dijo Fernando Savater, cuando le preguntaron qué pensaba de la gente que no leía o cómo se imagina una persona que no leía y dijo que debían ser personas que tenían el desván de su casa, de su cerebro, vacío. Me parece una decisión divertida.Hay personas que si les dices que si no leen tienen el desván de su cerebro vacío, no se sienten afectadas, porque tampoco es un defecto para obligarlas a leer.
El escritor colombiano Gonzalo Arango dijo alguna vez: “Pertenezco más a la vida que a la literatura. A la hora del juicio final me gustaría más encontrarme con las mujeres que amé que con los libros.” ¿Qué le dice la frase?
En mi caso literatura y vida están fusionadas. Creo que no hay nada más cervantino que la unión entre vida y literatura. Nada me obliga a tener que elegir entre una y otra. Pero en el caso de que tuviera que elegir puede que eligiera a la literatura, pues en algunas ocasiones como lector he encontrado más intensidad en la lectura que en la vida. Es una cuestión de intensidad.
En mi caso literatura y vida están fusionadas. Creo que no hay nada más cervantino que la unión entre vida y literatura. Nada me obliga a tener que elegir entre una y otra. Pero en el caso de que tuviera que elegir puede que eligiera a la literatura, pues en algunas ocasiones como lector he encontrado más intensidad en la lectura que en la vida. Es una cuestión de intensidad.
Parece evidente que la noche representa un papel fundamental en su libro Recuerdos Inventados, ¿qué relación existe entre los personajes noctívagos y la inminencia de las acciones que nunca se concretan en los cuentos El vampiro enamorado, El paseo repentino y Nunca voy al cine, ¿pretendía usted resumir el drama humano a partir de la finitud inminente de la noche en Recuerdos Inventados?
Lo malo de la noche es que cuando acaba se termina volviendo a casa. Mi viaje literario siempre ha sido un viaje sin retorno, así que hay una contradicción entre mi literatura y la noche, eso explicaría porque escribo ahora por la mañana. No creo que pretendiera a nuestra época unos resultados concretos, mas bien me dedicaba a contar historias alrededor del tema general del libro: recuerdos inventados.
Cuando da autógrafos utiliza el dibujo de un hombre que usted dice que es o fue Fernando Pessoa; se le atribuyen a usted rasgos de diablo, por el palíndromo en ingles que resulta de su nombre- Satam Alive-, se le tilda de vampiro por sus cejas y faz, por usar un traje rojo y tener una vida noctámbula. ¿Es usted la reencarnación del demonio, el Quijote y Pessoa, o quién podría ser usted?
Cuando me preguntan si es Pessoa, digo que es Pessoa, pero si no me lo preguntan no lo digo porque no es Pessoa. Ahora, no contradigo a quienes me preguntan si es Pessoa. Hago el dibujo del sombrero porque empecé a hacerlo en Alemania durante una gira hace unos quince años y me di cuenta que empezó a saberse que lo hacía. Ahora cuando dedico un libro y no lo hago hay personas que se dan cuenta que les he quitado algo que suelo poner a otros y reclaman el dibujo. Soy un esclavo de ese dibujo en ese sentido, porque las personas se sienten defraudadas si no lo hago. En cuanto a lo del vampiro, esto lo dijo Javier Moreno, un matemático colombiano en una entrevista. Yo no tenía esta impresión y decidí entrar en un combate dialéctico. De todos modos entonces estaba más gordo que hora, quizás ahora soy un vampiro menos gordo como mínimo.
Lo demoníaco lo he aprovechado en ocasiones para asustar a los taxistas que me llevan a la casa por la noche diciéndoles mi verdadero nombre, para que se quedaran aterrados. Lo que pasa es que al final en Barcelona ya no funciona porque hay muchos conductores que me conocen, y cuando les decía que mi nombre era el nombre del demonio me decían: “Sí, señor Vila-Matas, ya lo sabemos, usted es el demonio.”
Jordi Llovet, un amigo, descubrió que el nombre al revés era esto Satam Alive. Alguna vez lo usé en un relato de Suicidios ejemplares. Soy de naturaleza bondadoso a pesar de las leyendas urbanas, tengo muy poco de mi doble el demonio.
Lo demoníaco lo he aprovechado en ocasiones para asustar a los taxistas que me llevan a la casa por la noche diciéndoles mi verdadero nombre, para que se quedaran aterrados. Lo que pasa es que al final en Barcelona ya no funciona porque hay muchos conductores que me conocen, y cuando les decía que mi nombre era el nombre del demonio me decían: “Sí, señor Vila-Matas, ya lo sabemos, usted es el demonio.”
Jordi Llovet, un amigo, descubrió que el nombre al revés era esto Satam Alive. Alguna vez lo usé en un relato de Suicidios ejemplares. Soy de naturaleza bondadoso a pesar de las leyendas urbanas, tengo muy poco de mi doble el demonio.
Le gustan las frases como: “En el centro del vacío hay otra fiesta” o “Las distancias no miden lo mismo / de noche y de día. / A veces hay que esperar la noche / para que una distancia se acorte” de Roberto Juarroz o “en las costuras del mundanal ruido” como dijo en Paralelo Sur. ¿Cómo logra que sus novelas produzcan vértigo, tanto, como el que reúnen las frases citadas?
Lo logro instalándome en el vértigo; de hecho, mi próximo libro se llamará Exploradores del abismo, o sea, un paso más allá hacia el vértigo al que he sometido mi escritura.
¿Toma usted a Cartagena de Indias como una ciudad literaria como lo es su querida Barcelona, la ciudad nerviosa, París o Nueva York?
Sergio Pitol hace 3 años en una entrevista en Barcelona, en el periódico la Vanguardia, dijo que cuando yo fuera mayor me retiraría a vivir a Cartagena. En ese momento no había estado nunca en esta ciudad. Recuerdo que mi madre me preguntó, “¿Es verdad que quieres retirarte en Cartagena? Me extraña mucho.”
Esa profecía de Pitol, aunque no se ha cumplido, debe ir en camino porque llevo dos visitas en menos de un año y ya me han entregado las llaves de la ciudad.
¿Para usted el estado Pasavento, comercializado en estos días en autores como Thomas Pynchon, J. D. Salinger, J. T. Leroy o el colombiano Pedro Juan Valencia, tiene validez en sus resultados cuando venden o cuando responden a una ética o poética en singular?
Me interesa únicamente el escritor que no se traiciona a sí mismo, que nunca da un paso vendiéndose por lo que puede beneficiarle económicamente. Es como aquel vendedor de corales del relato de Joseph Roth al que se le instala un vendedor de corales falsos al lado de su casa. El vendedor de corales genuinos se da cuenta que el vendedor de corales falsos vende mucho más, y entonces decide incluir unas pocas imitaciones y a partir de ahí comienza la ruina de su negocio. Al traicionarse a sí mismo traiciona su negocio y comienza su perdición. A veces las cosas son al revés de lo que podemos pensar.
Nunca he hecho nada que se aleje de mi ser literario. No he tenido, afortunadamente, necesidad de hacerlo. Hay quienes sí. He tenido ofertas muy alucinantes para hacer cosas que me habrían reportado ventajas económicas, pero siempre sospeche que detrás de esas cosas se escondía mi ruina.
Nunca he hecho nada que se aleje de mi ser literario. No he tenido, afortunadamente, necesidad de hacerlo. Hay quienes sí. He tenido ofertas muy alucinantes para hacer cosas que me habrían reportado ventajas económicas, pero siempre sospeche que detrás de esas cosas se escondía mi ruina.
Su obra ha crecido, es decir, es más pesada, y usted siempre se ha ufanado de una posición Shandy, de ser un escritor ligero, de obra portátil. ¿Es esto un punto de partida que pretende preservar?
Mi obra ahora es más pasaventosa. Con el libro Exploradores del abismo recupero cierta ligereza, he perdido cierto peso incluso físico con respecto a cuando escribí Doctor Pasavento. Un escritor debe ser un poco contradictorio y oscilar entre diversos registros, yo practico la novela, el periodismo, el cuento y el ensayo; he pasado ya la ligereza juvenil pero no me he excedido nunca en el peso.
Dice usted complacerse con Franz Kafka y Robert Walser por ser autores que repudian el poder, ¿cómo ve usted a un escritor como G.G.M. , congraciado de estar rodeado por presidentes y dictadores de toda índole?
Yo no sé si puedes evitar que te agasajen los monarcas y los poderosos si eres Gabriel García Márquez. Todo el mundo puede huir de esto si quiere. Aunque no creo que sea tan fácil. Mi experiencia me dice ahora que soy un poco más conocido, que recibo cortejos de personas que no se habían ocupado de mí, que es difícil saber actuar en estos casos. El tipo de literatura que siempre he defendido es aquella que es autónoma de cualquier sistema político y autónoma de la misma realidad, porque la literatura crea un realidad diferente.
Nunca he simpatizado con las relaciones entre los literatos y el poder.
Si embargo, todo esto es muy ambiguo porque cualquier cosa está teñida de poder. No creo que haya nadie que pueda estar exento de ser visto por el poder. Ahora, me gustaría estar más escondido del poder.
Nunca he simpatizado con las relaciones entre los literatos y el poder.
Si embargo, todo esto es muy ambiguo porque cualquier cosa está teñida de poder. No creo que haya nadie que pueda estar exento de ser visto por el poder. Ahora, me gustaría estar más escondido del poder.
¿Cuál es su postura ante la pretendida independencia de Cataluña?
Democrática. Si en una elección democrática hubiera una mayoría que votara por la independencia de Cataluña, mi sentir desde el punto de vista democrático haría que lo aceptara perfectamente.
¿Siente que ha perdido algo al no escribir en su lengua materna, el catalán?
Siempre he dicho que cuando hablo en catalán sólo puedo decir la verdad. Cuando hablo en castellano generalmente invento ficciones, mis propias ficciones. Esto, por supuesto, ha hecho pensar a muchos que miento, y que inclusivo ahora mismo puedo estarlo haciendo.
¿Qué trajo para su viaje a Cartagena en la maleta de literatura portátil?, ¿qué está leyendo?
Traje el libro póstumo de Roberto Bolaño El secreto del mal y El hombre que veía pasar los trenes de Simenon con la idea equivocada de que éste último lo leería para entretenerme en el avión junto a Lenguaje y silencio de George Steiner. De aquí me llevo el libro El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince.
¿Qué recuerda de su época como crítico de cine?
Muchas veces no veía la película y escribía sobre ella. Llegó a ser escandaloso. Lo hacía por pura necesidad porque como crítico semanal tenía que hablar de una película, pero muchas veces no llegaba a verla por motivos de la dispersión vital. Me veía obligado a comentar una película aunque no la hubiera visto.
¿Sigue el canon español literario manejado por la mafia?, ¿qué mafia, la rusa, la italiana, la suya?
Yo no tengo ninguna mafia personal. Así me ha ido mejor porque no tengo compromisos con nadie. Lo del canon español fue una cosa que dije hace muchos años-“El canon español está dictado por las mafias”-, es una cosa que se puede modificar, es una cosa que está en internet colgada, que ni siquiera recuerdo haber dicho, suponiendo que lo dijera ahora tendría que entrar en detalles diferentes. A propósito de cánones, una encuesta de la revista colombiana Semana sobre novelas ha sembrado el estupor en España por la ausencia de algunos nombres y títulos.
Ha sorprendido que no estén en el listado algunos autores muy canonizados en España que son menos queridos en América. Lo que me agrada es que se sepa el punto de vista americano, un canon distinto.
Ha sorprendido que no estén en el listado algunos autores muy canonizados en España que son menos queridos en América. Lo que me agrada es que se sepa el punto de vista americano, un canon distinto.
¿Qué dice sobre Jacinto Benavente y Dan Brown?
Hace poco me llamaron de Babelia, El País, para preguntarme sobre Paulo Coelho. Supongo que esperaban que hablara mal de él, pero es que no tengo ningún interés en hablar de Coelho, no digamos ya de Benavente.
¿Cuándo piensa dejar de escribir?
Si no me lo impide algo físicamente siempre escribiré, porque está claro que aunque me sintiera acabado como escritor escribiría precisamente sobre que estaba acabado como escritor. Mientras escriban mis enemigos y escriban tan mal, me siento obligado a seguir escribiendo para contrarrestar la balanza del horror.
¿Qué uso de la lengua castellana desprecia?
El uso coloquial es el que más me molesta. Lo coloquial es el gran error de lo literario, pues se escribe para mejorar el habla. Detesto en literatura el lenguaje coloquial, lo popular, el llamado lenguaje de la calle, no creo que sea el lenguaje que deba hablar o escribir un escritor.
¿La Bomba, la rubia platino, despampanante y tetona con quien se ha casado el profesor del asilo que va a visitar el Doctor Pasavento, la ha visto pasar usted por la calle o la ha metido usted en el hotel?
A La Bomba la vi ayer ¿Suena bien? Es el comienzo de un poema que no sería de un gran poeta pero es así.
¿Algún consejo para los escritores Bartleby, para los nuevos escritores o nuevos lectores suyos?
No soy un escritor edificante. Siempre he dicho que me gustaba mucho Marguerite Duras porque era lo contrario de un escritor correcto que se comporta bien. Era una escritora nada edificante, con muchos defectos e inconvenientes pero mucho más interesante que un escritor bien vestido, correcto y educado. Me ha interesado más lo incorrecto, es creativo para mí.
Publicado por LaMovidaLiteraria 2007 http://www.lamovidaliteraria.com/